Hoy he visto;
un busto que presumía entre lencería
su desnuda escayola,
un óleo que lucía joyas entre pinceladas,
pero la más bella idea
perdida entre escaparates
se hallaba entre las personas
que iban a comprar
la fruta de la semana.
Ahí, escondida entre naranjas, melocotones, plátanos,
tomates y pimientos se hallaba un desnudo,
un desnudo duro, reflexivo,
que contempla desde el cristal
la rutina y belleza de la vida cotidiana.
Silencioso, vergonzoso pero valioso,
discreto, pero directo.
vestido en bronce,
muestra su presencia rodeado
de manjares silvestres.
Texto de Irene Pereña Hernández
Escultura de Elena Molero Lázaro

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